El 1 de Octubre de 2009 vió la luz la particular publicación de la escuela de escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México). Bajo el único lema de “EL PRINCIPIO” se realizó una copiosa publicación de textos poéticos, prosas, obras de teatro y artículos. Del mismo modo, y con la misma única consigna, fue realizada esta imágen de portada que alegoriza la vida naciente del escritor contemporáneo.
Tras la concreta, animadísima, y cómica presentación de esta revista; va mi abrazo y felicitación a todo el equipo de afanosos editores: Andrea Mejía Rojas, Claudia Islas Coronel, Elia Sánchez Crotte, y al inigualable Rodrigo Méndez Salinas “Pufi“.
Corría el año 2008, caluroso invierno en el hemisferio norte, en particular en las zonas tropicales de México. El director, administrador y asistente de Spettacolo, Daniél Rendón contrató mis servicios para rodar durante 20 días el viaje de turismo que ofrece Viajes Meca en el Centro y Sud Este del país.
Comenzando en México DF, donde nos reunimos con un grupo de turistas de origen italiano, unas 40 personas, el guía y el chofer del bus; que nos acompañarían la mayoría del viaje, viajaríamos durante casi todo el mes de Marzo.
El Crew de Rodaje
El equipo tecnológico estaba compuesto por una cámara SONY HVR A1 y un tripié de fotografía fija; el cual casi no tuvo utilidad ya que la mayoría de los monumentos históricos y arqueológicos prohíben su uso. Es decir, una cámara muy compacta, lo mínimo necesario.
Es importante considerar que se trató de un grupo de personas muy amistosas y que hicieron del viaje un tiempo a gusto. Quiero agradecer a Bárbara Mambelli por colaborar con fotografías que fueron incluídas en este video y que permitieron ilustrar aspectos que quedaban más allá de las limitaciones del equipo.
El itinerario inició en México DF luego El Zócalo, La Catedral, El Palacio Nacional, La Basílica de Guadalupe, El Sitio Arquológico de Teotihuacán, Puebla, Tehuacán, Ciudad de Oaxaca, Sitio Arqueológicos de Monte Albán, El Árbol del Tule, El Sitio Arqueológico de Mitla, El Cañón del Sumidero, Ciudad de San Cristobal de las Casas, San Juan Chamula, Zinacantán, Las Cascadas de Agua Azul, El Sitio Arqueológico de Palenque, La Ciudad de Campeche, El sitio arqueológico de Uxmal, La Ciudad de Mérida, El Sitio Arqueológico de Cichén Itzá, culminando con Cancún, Tulum, Playa del Carmen e Isla Mujeres.
Adjunto a continuación los clips de una de las ediciones de este video. Espero que los disfruten y dejen comentarios. Un Abrazo a todos.
El 2 de noviembre de 2007 la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México) y la Secretaría de Seguridad Pública presentaron un libro ambientado en la celebración de día de muertos:
Mortis Causa
El libro está basado en una serie de cuentos ilustrados. Las ilustraciones fueron realizadas en esta víspera. Al igual que la mayoría de los cuentos.
La Máscara de la Muerte
Tita era la menor de las brujas que vivían en el fondo de mi casa. No había barda ni bordes claros en el terreno. Apenas un viejo alambre de púas que se arrastraba por el suelo.
Las brujas eran muy curiosas. Todo el tiempo se asomaban entre la maleza, porque además de árboles de naranja y mandarinas todo el fondo estaba cargado de maleza. Atrás de ese bosquecito estaba la casita de barro de las brujas.
La más vieja se llamaba Zunilda, y estaba ciega.
Cuando ya fui creciendo me daban curiosidad estas señoras así que, a la hora de la siesta, aprovechaba para ir a espiarlas.
Zunilda comía naranjas y mandarinas de los árboles de mi casa sin pedir permiso. Sorbía las frutas como si fuese un vampiro. Yo la miraba fascinado y horrorizado a la vez. Entonces ella volteaba sus ojos ciegos hacia mi, y me decía… ¿Facundo…? ¿Estás Ahí?
Yo me quedaba quieto… sin respirar. Ella insistía ¿Estás ahí… cielo?. En ese momento toda la naturaleza contenía la respiración. ¡¿Estás ahí… Diablito?!
Entonces poco a poco, como si una ola de viento rompiese desde el fondo, todos los árboles empezaban a agitarse sin explicación. Y yo salía corriendo, dejando atrás las risotadas que Zunida, la bruja ciega, daba con ganas.
En ese tiempo mi madre se quejaba de que las brujas se metían a husmear entre sus ropas colgadas. O que por las noches echaban aceites.
Sin embargo ese tiempo pasó y un día Tita, la menor de las brujas, vino a cuidar de mí a nuestra casa mientras mi madre salía a trabajar.
En realidad no me cuidaba, se ponía a ver la televisión, o bien a escuchar cumbia a todo volumen. Y era yo el que tenía que ir tras ella a molestarla para que me prestara atención.
Y tanto la molestaba yo, que se acostumbró a traerme todos los días algún juego, o algo nuevo. Hicimos un pulpo de lana relleno de papel de baño, y con mucho más de ocho tentáculos. Hicimos un velero, que en realidad resultó ser un candelero mal nombrado. Cuando caía la tarde me enseñaba boxeo, y me golpeaba fuerte, pero jugando.
Los días pasaron, pasó el invierno, y un día Tita me dijo que me iba a enseñar la máscara de la muerte.
Lo dijo de tal modo que me dió miedo. Y después se rió como los hacía su tía Zunilda que, por cierto, había muerto en la víspera.
Zunilda había muerto de una diabetes galopante, era adicta al dulce de leche y a la ginebra. Los médicos nunca entendieron cómo fue que duró tanto.
Tita seguía viniendo a casa y yo ya no la molestaba porque, en realidad, no me interesaba para nada conocer la máscara de la muerte. Tita me veía y se reía. Iba y venía como siempre, con su vida.
Un mediodía mientras comíamos acercó su boca a mi oído y me dijo en voz alta
-¡Hoy es el día!
Yo me quedé masticando como si no me interesase. Y ella dijo:
-¡Hoy te voy a enseñar la máscara de la Muerte!
Y volvió a reírse así. Y yo me quedé mudo y luego pensé en inventarle algo a mi Mamá para que ya Tita nunca mas volviese a la casa. Desaparecer un calzón o romper el televisor.
-Algún día te vas a encontrar con la muerte, me dijo.
-y es mejor que te encuentres con la muerte que con el diablo, agregó, porque si te encuentras con el diablo te pasarás toda la vida borracho.
No se porqué esa declaración me tranquilizó.
Fue como si el miedo y la curiosidad que yo tenía se fundiesen en un único sentimiento nuevo. ¿Qué podía ser ese sentimiento? Un nueva especie de confianza en mi jóven vida. ¿Qué podría ser?
Dejamos caer la tarde, mi Mamá se demoró como nunca en volver a casa.
Tita se olvidó ese día de la tele y de la radio. Cuando quedaba la última luz, que apenas se distinguían las formas, me llevó al bosquecito. Nos sentamos en la semioscuridad, frente a frente.
Tita se señaló la cara y dijo
–¿Ves esta cara…?, yo asentí.
–Ésta cara es la máscara de la muerte, aunque ahora estoy viva esta cara va a desaparecer, cuando me muera…
Yo me quedé viéndola fíjamente y en ese instante la máscara se deshizo. Fue como si viese atravez de su cara. Y sobre su rostro circularon otros mil rostros. Indios y Vikingos, sus ancestros y tal vez los míos, vi a Zunilda riéndose de mi, y también vi monos… una larga retrospectiva al mono que somos….
Al final solo hubo estrellas. Luces que se fueron extinguiendo en una especie de dolor que me daba en el pecho esta extraña forma de sentir… ¿felicidad?
Entonces volví a ver la máscara de Tita como todas la Titas y los Titos: por primera vez.
Y me di cuenta que ella también me estaba viendo.
Y noté que, tal vez, este sentimiento que descubría allí tenía que ver con la muerte, si, pero también con la Fe.
“…La primera estapa es de la zozobra; se establece una lucha entre él y los elementos ambientales ¿Quién ganará? Las plagas, las hormigas. Día y noche atisba el cielo buscando el presagio o la presencia de la lluvia; la influencia de la luna, sus cambios y posiciones; el giro de los vientos; la amenaza de una posible granizada; todos son factores determinantes. Si llueve mucho es malo, si llueve poco, peor todavía. Está a merced de una naturaleza llena de misterio y capricho. Dotado de una voluntad férrea lucha contra todos los enemigos. Constante y escrupuloso, como un científico, observa, fumiga, abona la tierra.
Cuando comienza a surgir el fruto de su siembra, también surgen nuevos enemigos, los pájaros, los cuatalatas, los tejones intentan disfrutar de las primicias y el campesino se las ingenia para desterrarlos; en el día a base de gritos y palmadas ahuyenta a los pájaros; en especial son los niños que hacen huir las aves gritando ” a o e, a o e, a o e”, por la noche sale a lamparear armado de su escopeta para dar fin a los animales que destruyen la siembra.
Cuando el fruto esta en plenitud se enfrenta a la segunda etapa, a nuevos enemigos que son los que quieren cosechar sin haber sembrado, entran al terreno a hurtar los elotes, las calabazas, los tomates. Existen padres que no se arriesgan, adiestran a sus hijos para que roben los productos del campo.
La tercera y última etapa es tal vez la más difícil y deprimente: se presenta con su cosecha en los mercados y unos hombres con aspecto de lobos, después de muchos regateos, le compran; el campesino acepta porque sus productos son perecederos, no los puede almacenar. Esos lobos, en minutos, duplican el dinero a costa del campesino que trabajó por largos meses. Y regresa a su tierra con la esperanza de que el año venidero tal vez sea mejor.
Es la vida del tan traído y llevado campesino mexicano, menospreciado por el citadino que lo tilda de payo, inculto, hosco, sin tomar en cuenta que gracias a él su mesa está povista de alimentos. No se asombra de que al endulzar diariamente su café, cada arenita de azúcar es una gotita de sudor del sembrador de caña que se afana por producir el azúcar de cada día de los niños y los hombres.
Si los campesinos del mundo decidieran tomar vacaciones por un año y dejaran de sembrar la gente moriría de hambre porque hasta la carne de pollo y de vaca son producidas por los alimentos del campo, los forrajes, el sorgo, el maíz, la alfalfa. Esta decisión afectaría también a los países ricos en pozos petroleros, países de grandes industrias; porque no pueden alimentarse con gasolina o triturar con los dientes la maquinaria o coches que producen.
El mismo campesino ignora su importancia y los citadinos no le dan el lugar que le corresponde y merece.
Sembrar es arte, belleza y vida.
Saber esperar, para bien o para mal es otra virtud del campesino; nunca desespera, si el temporal fue malo o los precios se desplomaron al año siguiente, vuelve a sembrar con el mismo entusiasmo y con la misma esperanza de obtener éxito.
Maneja con desenfado y sin afectación sus sentimientos, sabe atesorar rencores y no olvidarlos. Le da tiempo al tiempo y con la paciencia de un santo espera el momento oportuno para desahogar el invencible rencor, ignora el perdón. Posee una singular percepcion del doble sentido de la palabra quién enloquece hasta degenerar en tragedia. No admite bromas ni malas miradas, no acepta perder así le cueste la vida…”
Catalina Zanela Navarro – “Tetecalita”
Publicación del Honorable Ayuntamiento de Emiliano Zapata
2006 – Emiliano Zapata – Morelos – México
Doña Cata
Doña Cata
A estas alturas de la vida doña Catalina Zanela Navarro puede decir que ha expresado su visión de la vida del mejor modo posible. Estudió filosofía en el valle de México, escribió su primer libro allí. Vivió una prolongada vida de soltera ayudando a sus hermanos y sobrinos a sobrevivir con el negocio que le dejara su padre; y finalmente se casó y se vino a vivir al campo. Se enamoró de la poesía existencial de la tierra. La tierra y la vida, el sembrador, el fruto; fueron los medios que encontró para expresar su emoción. Unos años plantaron aguacate con su esposo “Chamo”, y otros años fueron los mejores, en la época de la papaya. Esa era la poesía viva y nada intelectual de su realización como ser.
Aún así siempre le gustó la literatura y continuó escribiendo. En el año 2006 el Ayuntamiento de Emiliano Zapata, del que depende Tetecalita, ese pequeño pueblo en el límite de la urbanización creciente del estado, publicó su primer libro “Tetecalita”. Tenía 88 años.
Hoy, entre sus memorias más frescas, se encuentra un libro que no ha publicado y que cuenta centenares de anécdotas oídas y vividas desde su infancia; fue ese libro el que llamó nuestra atención…
Tetecalita y la Revolución del Sur
A cien años de la ya famosísima gesta histórica mexicana Tetecalita sigue orgullosa y perdida con su iglesia colonial; a pesar del desplante estilístico del tercer milenio. Digamos que hay una barrera temporal que separa a todos los pueblos que se encuentran antes y después de Tetecalita. Más al norte se extienden los complejos habitacionales para la creciente Cuernavaca, los desarrollos habitacionales para turistas y casas apartadas de la voraz mancha urbana; que paradójicamente siempre se alcanza a sí misma.
Al sur están los pueblos tradicionales, casi abandonados. Sin planeamiento. Los alrrededores del ingenio azucarero de Zacatepec, Temimincingo, y Tlaltizapán de Zapata. El mero sitio en el que aun sigue en pie el original cuartel de Zapata. El centro de la resistencia revolucionaria contra el Porfiriato. Más al sur Chinameca, donde el líder de la insurrección fue emboscado y muerto.
En Tlaltizapán con Zapata
Podemos decir que en cien años el paradigma campesino ha cambiado. En aquellos tiempos la lucha era por la tierra. Hoy en día la lucha es por deshacerse de ella. Es sorprendente la enorme lista de dificultades que hoy en día enfrenta una persona que intente sobrevivir del trabajo de la tierra en México. De modo que aquellos ejidos (parcelas colectivas resultantes de la reforma agraria) hoy buscan dar con los modos legales de ser vendidos a mejor precio. Los grandes grupos constructores coludidos con las empresas extractoras de materia prima, y las empresas que obligan a sus empleados a invertir en seguros de vivienda, están muy dispuestos a solucionar estas necesidades de los herederos de la tierra y cada vez más ausentes campesinos.
Y al hablar de ausentes surge este tema milagroso y de tanto auge en el mundo del espectáculo. El migrante. El migrante es un natural de todo el mundo. Un viajero al norte de la nada. Un exiliado del alma. Y cosas por el estilo. El migrante es el hermano cuyas raices se van haciendo ramas hasta perder contacto, tantas veces, con la tierra. Un herido condenado a vagar por el espacio durante un ciclo indefinido del tiempo. Porque en la tierra se puede observar la duración de los ciclos. Y en el espacio no.
El Cortometraje
Todo comenzó como documental. De entrada el tema no fue una invención sino un descubrimiento. En el año 2006 fuimos a conocer a doña Cata, y ella repetía sus párrafos en vivo. Luego conocimos a don Quinto, graduado campesino desde los 11 años y desde largo tiempo capatáz de la milpa y granja de doña Cata y su difunto marido.
La Chiva, los Cuates y los Buñuelos
Nos sorprendió, porque siempre cargamos con nuestras limitaciones, que el análisis que hacían de la realidad era muy lúcido. Y que realmente, llegando al centenario de la revolución mexicana, la condición del campo era paradójica. Empezamos a filmar en diciembre de 2007, siempre pensando en documental. Hicimos entrevistas que nos sorprendieron más. Porque aquellos postulados históricos del plan de Ayala estaban en la boca de nuestros entrevistados. En particular de los más viejitos que sentían que algo estaba perdiéndose para siempre.
A la siesta, bajo una sombra al costado de camino, con machete y sombrero, respondieron nuestras preguntas con un sabor acedo de resignación. Doña Cata fue más lejos y nos habló de la tierra como un ser vivo y orgánico. Y de sus experiencias en un lugar que parece estar retirándose en cuerpo y espíritu.
Regresamos a México DF sin tener una idea clara de hacia dónde continuar. Teníamos un material fuerte. Pero no una estructura. En ese punto surgio la convocatoria al primer festival de cine en el campo. Se pedían cortometrajes de no más de 15 minutos. Y además nos enteramos bien tarde.
Decidimos escribir un guión, casi una escaleta, en una tarde. Allí incluímos parte del material filmado. Y al día siguiente nos lanzamos a Tetecalita a terminarlo.
Durante dos días filmamos intensivamente haciendo debutar en el corto a doña Cata, a don Quinto, a los hijos de Agus, la cocinera; y a todos los miembros del equipo. En unas semanas el corto estuvo terminado.
Lo presentamos sin espectativas, pero al tiempo nos llegó la noticia: nuestro corto había sido seleccionado para el festival. Se iba a cien comunidades en el país donde lo pasaron en unas pantallas inflables gigantes. La idea nos pareció genial. Y así se llevó a cabo. Pero la historia no termina allí. Además los organizadores nos comentaron que el corto había quedado seleccionado entre los tres primeros. Estábamos sorprendidos porque la prontitud, y lo precario de nuestra producción había dado un resultado que nos llenaba de alegría; aunque no esperábamos nada en especial.
El Rodaje
Ilusionados esperamos el día de la premiación, incluso nos hicieron una entrevista televisiva que respondimos gustosos. Invitamos a todos nuestros amigos, familiares y vecinos para presumir nuestro triunfo. Y al llegar el momento de la exhibición de los cortos nos sorprendió más ver un numeroso plantel de cortometrajes realizados en 35mm y sonido THX. Nos repetíamos a nosotros mismos que era muy ponderable el que un festival premie una realización en video como la nuestra ante semejante competencia de calidad. Y llegaron los premios. Y “Tierra Menguante” no figuró ni en la mención del aguatero suplente. Ja ja. En fin todo con coherencia. Hay que ser pacientes y no generar expectativas. Es un aprendizaje.
El festival de cine en el campo fue la motivación que nos llevó a realizar este corto. Pero los premios llegaron después. En los festivales de Tegucigalpa al mejor corto extranjero en video. Y la mención especial del público en el festival callejero de Sarajevo.
Lo que estuvo bueno es que al regresar a Tetecalita a mostrar el cortometraje nos enteramos que la versión del trailer para YouTube había sido vista en Estados Unidos por los hijos del compadre de don Quinto. Y que se habían emocionado al ver Tetecalita a la que no pueden regresar por ahora.
“…Son tres veces las que he tenido contacto, ahora si que digo yo, con el Universo. Porque realmente somos una pequeñísima parte de este mundo… aunque no queramos pertenecemos a Él.
Y entonces tanto me habló la tierra como el agua, los árboles, la hierba, todo… esa sensación de yo pertenecer a ellos, y ellos también, pues, sentirse de que yo era parte de ellos…”
“Que esto del toreo es muy fácil: que viene el toro, se quita usté;
que no se quita, lo quita el toro.”
Cagancho, torero español
Lamentablemente la experiencia taurina que tuvimos no fue la suficiente. Fascinados por el espectáculo sangriento, no pusimos el énfasis adecuado en destacar los dotes del joven torero. Incluimos en este video detalles que no favorecen la técnica y la mística de un buen torero. A nosotros nos parecía natural equilibrar sus habilidades con las del animal, sin embargo la religiosidad inapelable de la tauromaquia determina que un buen torero debe ser impecable. Nos quedamos, así, con estos saturados colores.
Trailer de Salvador Barberán y el Toro, Documental Inconcluso.
En la segunda mitad de 2006 mi amigo Daniel Vivanco llegó a hasta mi morada en el monoambiente del Condominio Insurgentes, con otros tres amigos que conocí ese día; Beto Pillado, Gerardo García y Fernando G. Panzi. Traían varios proyectos y retazos de material de video en muchos formatos.
Por un lado un documental sobre un torero, Salvador Barberán, el cual quedó en formato de trailer luego de una noche completa de edición del material que Fer había registrado. Otro proyecto era un programa televisivo en el Metro. Idea que Daniel trae hace mucho tiempo y que incluso la pensó también para radio.
Equipo de fútbol de la Unidad Santa Fe en los años '60.
Y finalmente; un documental que celebrase los 50 años de la Unidad Habitacional Santa Fe, creada en aquel tiempo bajo un prototipo modernista y socialista de Mario Pani. Se puede decir que uno de los arquitectos más idealistas y pragmáticos del modernismo aplicado.
Todos estos amigos que les cuento crecieron en esta Unidad Habitacional que hoy en día compone la gran mancha urbana de la Ciudad de México, México DF. Santa Fe es un antiguo poblado que a principios de siglo estaba a unos 30 minutos a caballo de la ciudad de México. En los años 50 Mario Pani eligió este bello páramo boscoso para construir este proyecto piloto habitacional, autosuficiente y auto sustentable. Hoy en día Santa Fe tiene dos caras, una cara hiperdesarrollada y de altísimo crecimiento; donde se emplazan centros comerciales, barrios exclusivos y cerrados, rascacielos de oficinas, universidades privadas, etc. Y otra cara caótica y carenciada que forma parte de la deuda cultural, económica y social de México. Esta última se compone de barriadas establecidas en barrancas, cuevas y cañadas en las que habitan más de 1 millón de personas. Este es el contexto de la Unidad Habitacional Santa Fe, un proyecto que quedó en el medio de la polarización social de la actualidad, pero cayendo indefectiblemente a la barranca.
Fotograma de "Un Tostón para la Unidad Santa Fe"
Sin embargo este documental es la prueba lacónica de que nada se pierde. Porque Fer, Gerardo, Beto y Dani habían creado en un arrebato de amor, junto con Inés, el heroico Don Willy, Beto McLein, Pedro Quinteros; todo un súper proyecto para “levantar” a la unidad. Y festejar los 50 años. Ese proyecto se llamó: Tostón.Tom
Por eso este documental nació espontáneamente, y se trata de una especie de Fresco, en el que trabajamos hasta 2008, año en que quedó terminado. No está basado en premisas ni en evidencias, sino más bien pintado por la causalidad de aquellos días.
¡Un abrazo a todos los amigos de la Unidad Santa Fe!
Trailer del Documental, Un Tostón para la Unidad Santa Fe
Duración Total: 63min – Formatos: DV – HDV – HD y Super 8 – Buñuelos
Hace un tiempo firmaba mis trabajos agradeciendo a los espíritus del río del destino, para incluir un tanto vagamente, a los seres sutiles que nos acompañan y nos acompañaban. Esta actitud misticista fue recompensada cariñosamente, sin embargo la a veces no tan juvenil ignorancia me impidió fraternizar más con muchos de ellos. Hoy ya, en el intento de sostener la observación, de abrazar la compasión y de entregar completamente mi voluntad a la Luz; dedico este blog a todos los seres sintientes del río de la vida por la que vamos.